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Comunicación en la pareja

Comunicación en la pareja

Por Patricia Ramírez

En verano pasamos más tiempo en pareja. Hay estudios que demuestran que después del verano, en el mes de septiembre, se incrementan el número de separaciones y divorcios. ¿Por qué? Uno de los motivos puede ser la toma de conciencia de la situación. Durante el año laboral las parejas apenas tienen tiempo para compartir. Me refiero a tiempo de intimidad: conversaciones, hacer el amor, dedicarse el uno al otro. Muchas parejas caen en la rutina, hablan de los hijos, hacen las compras semanales, se reparten las tareas domésticas y comparten cuatro cosas del trabajo. Llega el verano y, de repente, tienen que convivir con la situación, que poco a poco se ha ido marchitando.

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Uno de los pilares de las relaciones de pareja sanas es la comunicación. Comunicarse de forma relajada y empática crea complicidad. La mayoría de los conflictos se vuelven irresolubles por falta de entendimiento y comunicación. Es la primera vía para ajustar lo que no funciona. Una buena comunicación no va a recomponer una relación de pareja que esté rota, pero sí puede ser el mejor vehículo para mediar y respetarse.

Sigamos estas reglas para facilitar la comunicación con la pareja:

1. Si deseas hablar, estate preparado sobre todo para escuchar. Escuchar es el primer paso para poder ser empático. Es imposible saber cómo se siente el otro y cuáles son sus motivaciones para solucionar un problema contigo, si desconoces qué le pasa.

2. Bieninterpreta al otro. Las parejas que tienen conflictos tienden a malinterpretar los comentarios y las intenciones de la pareja. Por el contrario, las parejas con complicidad y las que se llevan bien tienden a bieninterpretarse y hacen un esfuerzo por entender las intenciones del otro, tienen en cuenta el contexto, el estado emocional en el que se ha hecho una observación, y no sacan conclusiones generales de un simple comentario.

3. Pregunta antes de sacar tus conclusiones. Si no tienes clara la intención, pregunta, con amabilidad y educación, “¿qué quieres decir con eso?”. Muchos conflictos vienen de no preguntar, hacer juicios de valor sobre un comportamiento o un comentario, darle una explicación desde ese único juicio de valor y, sin contrastar si es así o no, enfadarse. Preguntar eliminará cualquier duda que tengas sobre la persona. No hagas preguntas para pillar al otro, ni en tono inquisidor.

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4. Respeta los tiempos y los silencios. Hay personas que necesitan resolver sus problemas en el acto, y obligan al otro a mantener una conversación sobre el tema. Pero si el otro necesita tiempo, porque está nervioso, frustrado o irascible, estarás obligando a hablar en un clima que no favorece el entendimiento. Será absurdo. Llegar a un acuerdo, tener una experiencia positiva de una conversación, requiere un clima relajado y un estado emocional apropiado por parte de los dos.

5. No levantes la voz. Gritar es una agresión que solo provoca la huida o el ataque. Con cada grito pierdes el respeto a la persona y a ti mismo y generas una experiencia muy negativa. Difícilmente alguien querrá volver a mantener una conversación con alguien que puede descontrolarse y hacerle sentir fatal. Aprende a autocontrolarte. La excusa de “me saca de quicio la persona o la situación, es que los nervios me pueden” no vale para justificar la agresividad verbal. Tampoco sigas manteniendo una conversación con quien te está gritando a ti.

6. No hagas comentarios del tipo “contigo es imposible hablar, mira cómo te pones”. La única respuesta a esta expresión es “pues anda que tú”. Y en ese momento es mejor dejar de hablar. Habréis conseguido que la comunicación sea un ir y venir de reproches.

7. Plantea las decisiones en términos de “nosotros”. Cuando implicas al otro, se siente partícipe de las decisiones. Un equipo que trabaja unido se aleja del “yo” y habla en términos de “nosotros”. “¿Estamos de acuerdo?” en lugar de “¿estás de acuerdo?”.

8. Pregunta qué desea hacer la otra persona. Así podréis llegar a una solución. Puedes formular preguntas del tipo: “¿y tú qué deseas que hagamos?”, “¿qué soluciones se te ocurren a ti que nos puedan satisfacer a los dos?”…

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Es muy desagradable no poder hablar de forma relajada con la pareja. Nos comunicamos a lo largo del día muchas veces y el hecho de poder tener estrategias para entendernos hará que sintamos un mayor bienestar.

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