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Día Internacional de la Mujer: ¿Por qué se conmemora el 8 de marzo?

Día Internacional de la Mujer: ¿Por qué se conmemora el 8 de marzo?

Todo parece empezar en la segunda mitad del siglo XIX en una fábrica textil de la ciudad de Nueva York. A partir de entonces, arrancan una serie de hechos que inspiran a Naciones Unidas a declararlo día oficial en 1975, un día de reconocimiento de la lucha de la mujer.

El Día de la Mujer y su adaptación a los tiempos

La expansión de la industria y el consiguiente aumento de la población y las penurias asociadas a la clase trabajadora son el marco en el que se sitúa la reivindicación.

El precedente documentado más antiguo se encuentra en 1909. El 28 de febrero de aquél año se celebró, a instancias del Partido Socialista de los Estados Unidos, el primer Día Nacional de la Mujer. Un año después, la celebración se unió a la reivindicación de un derecho: el sufragio universal. En aquellas fechas, la Internacional Socialista proclamó en Copenhague que el Día de la Mujer debía tener una expansión internacional. Sin embargo, no se estableció un día concreto.

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Fue en las vísperas de la I Guerra Mundial, en 1913 cuando comienza a trascender el 8 de marzo como fecha fija. Las mujeres europeas comenzaron a reivindicar ese día la paz y la solidaridad con sus compañeras por la contienda.

Rusia salió de aquella guerra antes que sus aliados, con la revolución de 1917. Aquél año las mujeres convocaron una huelga con la demanda de “pan y paz”. De la protesta arrancaron la abdicación del Zar y la concesión del derecho a voto por parte del gobierno provisional que le precedió. Todo ocurrió en febrero, pero del calendario juliano, el que regía en aquél país. Curiosamente la fecha del calendario gregoriano, el usado en la Europa occidental, coincidía con el 8 de marzo.

El incendio en la fábrica Triangle Waist

“El fuego comenzó en la planta baja, cuando los operarios se disponían a abandonar las faenas y marcharse a la calle. El pánico fue horroroso. Treinta y cinco mujeres se arrojaron por los balcones. Casi todas resultaron heridas”.

Es el relato que llegó a España a través del periodico ABC del incendio que asoló la fábrica textil Triangle Waist, situada en pleno barrio de Manhattan, en Nueva York, el 25 de marzo de 1911. Murieron a causa del fuego 146 trabajadores, la mayoría (123) mujeres.

La tragedia se agravó por la imposibilidad de salida que tuvieron los operarios al encontrar todos los accesos de la fábrica cerrados. Las trabajadoras y trabajadores de la fábrica eran en su mayoría inmigrantes y trabajaban 52 horas semanales por las que cobraban entre 7 y 12 dólares, que, traducido a cantidades de 2019, estaría entre los 63 y los 108 dólares semanales.

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Esta es la historia cierta, sin embargo, se ha indicado como origen de la celebración el 8 de marzo un suceso de idénticas características ocurrido en 1857. Ese relato indica que en la fábrica Cotton Textile Factory, también en Nueva York, más de un centenar de trabajadoras permanecieron encerradas por sus dueños, obligadas a trabajar para evitar que secundasen una huelga convocada ese día. Eso les impidió escapar de un incendio que se produjo unas horas más tarde. Sin embargo, no hay pruebas que indiquen que tal cosa ocurriera. La historia además se parece mucho a la de la Triangle Waist.

De lo que sí hay constancia es de aquella huelga. Se habla de un seguimiento de decenas de miles de costureras que reclamaban la jornada laboral de diez horas.

Ha pasado más de un siglo desde entonces y todavía se producen tragedias similares en países en vías de desarrollo. Pero en la agenda reivindicativa caben más cosas. La lucha de las mujeres continúa y también toma otras vertientes, no sólo las cuestiones laborales.

Naciones Unidas reclama este año “pensar en igualdad, construir con inteligencia e innovar para el cambio”. Es su lema elegido para este 8 de marzo. Se trata de aunar tecnología e igualdad para salvar la brecha que todavía existe con la insuficiente representación de las mujeres en campos como la ingeniería, las matemáticas o el diseño. Todavía queda, por tanto, mucho por hacer.

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