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¿Eres ahorrador… o eres tacaño?

¿Eres ahorrador… o eres tacaño?

Por Patricia Ramírez

No siempre están claros los límites entre estos dos términos. Y, además, suele ser un motivo muy común de discusión en la pareja. “Es que mi marido es más agarrado que un pasamanos. Podríamos perfectamente darnos unas buenas vacaciones, pero nos pasamos dos semanas metidos en un cuchitril de cuidado”, dice ella, mientras que él replica: “Si no fuera porque soy ahorrador, no tendríamos ni un euro en la cuenta”.

A pesar de que la diferencia está clarísima en la definición: ahorrador es la “persona que ahorra, que guarda dinero para necesidades futuras” y agarrado es el “tacaño, que escatima en el gasto”, la finalidad de ahorrar es lo que determinan que sea algo tan difícil y personal de diferenciar. El problema está relacionado con los valores que tenemos con respecto al dinero, el tiempo de ocio o lo que entendemos que nos da calidad de vida.

La Finalidad del Ahorro

Una persona ahorradora debería ser contemplada como alguien responsable y previsor con su futuro, su economía o con posibles necesidades; una persona que se anticipa y no deja al libre albedrío circunstancias que se pueden controlar económicamente. Mientras que una persona agarrada es aquella que se priva de una vida placentera pudiendo tenerla, que vive con menos lujos de los que su pareja cree que pudieran disfrutar, que no es espléndida en regalos ni detalles, o a la que le cuesta sacar la cartera a la hora de repartir la cuenta de una comida. La persona tacaña nunca se verá como tal, se verá como ahorradora, mientras que una persona ahorradora no tiene por qué ser tacaña. La diferencia radicaría en que el ahorrador lo hace con un fin: prever el futuro, ahorrar para comprar una casa, comprar un coche o para hacer un viaje, mientras que el tacaño ahorra sin medida. Para él ahorrar es en sí la finalidad. Y con ello vive a un nivel por debajo del que podría permitirse. El agarrado, más que ahorrar, lo que trata es de no gastar. Uno de los síntomas del tacaño es que sufre cuando gasta, lo pasa realmente mal. Todo lo mide, todo lo compara, y se piensa una compra veinte mil veces.

¿Se puede cambiar a un agarrado de forma de ser respecto al dinero? Sí, si la persona desea dejar de serlo. Si no, puede ser harto complicado. Las conductas se mantienen porque se refuerzan y ser tacaño tiene un premio, por lo menos para el tacaño: ver grandes sumas de dinero en su cuenta del banco o debajo de la loseta donde lo esconde. Es decir, la conducta de no gastar se ve claramente reforzada al acumular dinero. Y ya sabemos que todo lo que va seguido de un refuerzo, se aprende, se repite y se potencia.

Uno de los grandes inconvenientes de ser tacaño es que se contrapone a la generosidad económica. Cuando convives en pareja o tienes un grupo de amigos, además del cariño, del tiempo y de la ayuda que pueden brindarnos, siempre esperamos, sobre todo en fechas señaladas, que nos hagan un regalo, que tengan un detalle con nosotros. La persona agarrada suele ser muy mirada para este tipo de momentos, lo que produce desconsuelo, rabia y dolor en el otro.

Es complicado convivir con alguien que no disfruta de la vida como lo hace la otra parte. Cuando tú eres una persona espléndida, que no mide, no porque derroches, sino porque te gusta tener detalles con el otro, te gusta disfrutar de un momento con los amigos, de unas buenas vacaciones, y compartes tu vida con alguien que controla en demasía el dinero, surge el conflicto continuamente. Estos son los típicos valores que uno debería poner en común y negociar antes de tomar decisiones como la de casarse o vivir juntos. Dejar las cosas claras evitaría futuras sorpresas y frustraciones.

Ahorrar es una conducta sana, permite prever y vivir un futuro tranquilo. Ahorrar tiene una finalidad en sí misma, y si algún mes no se puede, ello no suele generar ansiedad ni irritabilidad; mientras que el avaro sufre cuando no acumula dinero, sufre cuando gasta, desconfía de los bancos y tiene un comportamiento anormal con el dinero. Si vas a buscar pareja, cuida de que comparta contigo la misma filosofía sobre el dinero, el ahorro, el gasto, las inversiones, etc. Os ahorraréis futuros problemas.

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