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Liderazgo poderoso

Liderazgo poderoso

Por Patricia Ramírez

El mejor de los liderazgos es el que empieza por un@ mism@. Ser líder de tu vida significa poder elegir. Elegir cómo pensar, cómo comunicar, cómo sentir, y que esas elecciones nos ayuden a sentirnos seguros y poderosos en nuestra vida profesional y personal. No se trata de buscar un liderazgo que empodere a las mujeres. Se trata de conocer cuál es el liderazgo que empodera a la persona. Porque ante el liderazgo, somos iguales.

Pensar para sumar

El primer punto para poder liderar tu vida, tu trabajo y a los tuyos es liderar tus pensamientos. El pensamiento es el tambor, es quien marca el ritmo. Es quien decide cómo nos sentimos y cómo actuamos. Si piensas de forma catastrófica, anticipando lo que no deseas que ocurra, acabarás sintiéndote inseguro. Si piensas centrándote en cuáles son tus fortalezas, en pensar que sí eres capaz, si lideras con pensamientos positivos, aumentarás la probabilidad de sentirte fuerte, capaz y seguro. Y todo lo que realices a continuación será desde esa emoción.

En psicología todo se define desde la tríada psicológica: pensamiento, emoción y conducta. La manera en cómo pensamos es la manera en cómo sentimos y actuamos. Ningún líder triste puede tener a sus trabajadores activados y motivados. Es imposible. Así que, si deseas tener un liderazgo brillante, positivo y motivador, empieza por relacionarte contigo mismo en esos mismos términos. No se trata de cambiar tus creencias ni tu escala de valores, solo la manera en cómo lo expresas. No es lo mismo pensar: “Se avecina un momento horrible, esto nos va a superar, no sé cómo podremos salir de esta” que pensar: “Se avecina un momento de mucho trabajo, hemos sido capaces en otras ocasiones de salir de situaciones similares, tomémoslo con calma, planifiquemos, y seguro que seremos capaces de salir adelante”.

Ante el error, compasión

Los errores no dicen nada de ti como líder ni como persona. Los errores son parte del proceso y del camino. Los líderes que se equivocan menos muchas veces no es que sean más capaces, a veces son menos atrevidos. En algún momento de nuestro crecimiento profesional aprendimos que equivocarse era un error. Nos confundimos pensando que teníamos que ser perfectos, que nos valorarían por ello, y no nos dimos cuenta de que, al tomar esta decisión equivocada, nos decantamos por el mundo de la perfección y de la exigencia.

Si no te atreves a equivocarte te quedarás anclado en tu zona cómoda. Porque ahí todo es predecible, es seguro, pero también es lineal, regular, poco innovador y menos creativo. Nuestro valor añadido está en parte en nuestra capacidad de crear, y al crear, te equivocas. Porque es imposible ser creativo e innovador acertando siempre.

Si no te atreves a enfrentarte al error, te cierras a la superación. Para crecer como líder, como persona, necesitas pagar el precio del fallo. Y la mejor herramienta para aprender a gestionarlo es la compasión. Tratarte mal no hará más que aumentar tu temor al error. Ante el error solo necesitas analizar qué debes cambiar en el próximo intento. Poco más. Cualquier crítica destructiva añadida es una pérdida de tiempo y de energía.

Tu postura es poderosa

En un experimento se pidió a los participantes que durante unos minutos se enfrentaran a un dilema adoptando la postura de poder. Es decir, los brazos en jarra y sacando un poco el pecho, la cabeza alta y la mirada firme. A otro grupo de personas se les pidió que se enfrentaran a la misma tarea desde una posición sumisa, adoptando una postura medio encorvada, sentados en una silla, sin apoyarse rectos en el respaldo. Los resultados entre un grupo y otro fueron muy diferentes. El grupo de la postura poderosa obtuvo mucho mejores puntuaciones. Y no solo eso. Lo más asombroso es que se tomaron muestras de saliva a los dos grupos de sujetos y resultó que aquellos que habían adoptado la postura de poder habían tardado solo dos minutos en aumentar sus niveles de testosterona. Sí, la hormona de la fuerza y el poder. ¿No os parece asombroso?

La postura que adoptas manda información a tu cerebro y este interpreta: “Si mi cuerpo adopta esta postura, entonces es que yo debo sentirme así”. Y actúa conforme a esa valoración. Si quieres sentirte poderoso, seguro y capaz, adopta la postura de quien se comporta de esa manera.

La mente encuentra lo que va buscando

Cuando sales a escena, ¿de qué estás pendiente, de lo que puede salir bien o de aquello que puede fallar? En gran parte, de esto depende tu éxito. La profecía autocumplida está relacionada con aquello que esperamos de nosotros, de los demás y de las situaciones. Nuestra capacidad de atención es limitada, así que debemos enfocar la mente en lo que suma. Nuestro cerebro está constantemente seleccionando en qué centrar la atención, ya que si lo hiciera con todos los miles de estímulos que nos rodean, se volvería loco. Así que, a partir de lo que decidimos que es importante, lo que nos motiva, lo que nos genera inseguridad, miedo, etc., seleccionamos dónde poner el foco. Y la ecuación es muy sencilla. Si centras la atención en el lugar equivocado, obtienes resultados equivocados. No hay más.

La atención tiene que estar puesta en tus fortalezas, en lo que suma de ti, de los tuyos, de tu entorno, de tu trabajo. En cada situación, en cada persona, en cada momento, en cada proyecto, hay luces y sombras. De tu actitud y de tus expectativas depende esperar cosas buenas o anticipar lo negativo. La mente funciona como un GPS: si no le introduces la dirección correcta, te lleva a otro destino.

Para ello puedes realizar todos los días el ejercicio de escribir un diario, durante cinco minutos, no necesitas más, en el que anotes todo aquello de lo que te sientes orgulloso, todo aquello que valoras del día en cuestión. Con este ejercicio ayudamos al cerebro a enfocarse en tus puntos fuertes.

Nadie lidera con optimismo y de forma brillante centrándose continuamente en todo lo que puede salir mal. Una cosa es la prevención y otra el catastrofismo.

Eres el protagonista de tu vida, el líder de esta película. No permitas que nadie te convierta en actor o actriz de reparto.

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