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El perdón nos hace libres

El perdón nos hace libres

Por Patricia Ramírez:

“Perdono pero no olvido, olvido pero no perdono”. Esta frase realmente no tiene sentido, porque perdonar y olvidar es lo mismo. Perdonar supone olvidar y no tener rencor hacia la persona motivo de tu perdón. Perdonar no borra de la memoria, pero sí implica olvidar realizar acciones en contra, acciones que te llevan a tomarte la justicia por tu mano. Por ello, perdón y venganza suelen ir de la mano. La persona que ansía venganza, sufre. Pierde su tiempo ideando cómo dañar, cómo puede sufrir quién le ha ofendido. No está en paz, no descansa. Mientras siga sintiendo rencor y venganza, seguirá encadenada a quien le ofendió. Perdonar te hace libre.

Muchas son las personas que piensan que perdonar es de débiles. Y que incluso supone una derrota, una rendición. Pero la persona que perdona no es débil, como mucha gente cree. Al revés, hay que tener mucha fortaleza y unos valores muy definidos para poder perdonar: humildad, generosidad, espiritualidad, compromiso, benevolencia, altruismo, integridad, honestidad…

El perdón beneficia a ambas partes, tanto a la persona que lo recibe como a la que lo da. El estudio psicológico del perdón ha aumentado dramáticamente en las últimas dos décadas (Fehr, Gelfand, & Nag, 2010; Worthington, 2005), especialmente en la exploración de intervenciones diseñadas de manera explícita para promover el perdón. La evidencia inicial apoya la eficacia de estas intervenciones en el perdón, ya que muestra que pueden ayudar a los participantes a incrementar su grado de perdón por una ofensa o daño, aumentando la esperanza y el bienestar psicológico, y disminuyendo la depresión, la ansiedad y el enojo (Baskin & Enright, 2004; Wade, Worthington, & Meyer, 2005).

Psicológicamente hablando, perdonar no incluye la idea de reconciliación, sino una experiencia interna en la que la persona deja de sufrir por el ataque vivido. Puedes reducir tus pensamientos negativos hacia la ofensa o incrementar los positivos. Es decir, tener pensamientos negativos centrados en la maldad sufrida, la injusticia, en darle vueltas a por qué a ti, o puedes centrar tu atención en aspectos positivos de la vida, en la experiencia positiva que pueda dejarte la situación. Cuanto más centres la atención en las cosas que sí funcionan en tu vida, menos espacios dejarás al rencor y a la negatividad. Lo que se trata es de encontrar la paz. Perdonar no incluye la colaboración de otra persona, sino la tranquilidad de las decisiones que tú tomas respecto a la ofensa. Puedes perdonar incluso cuando el otro no se disculpa. Y con ello, la otra persona o la situación vivida dejan de controlarte. Porque emociones como la venganza, la rabia y la frustración son solo fruto de seguir rumiando sobre un hecho pasado. Impiden que vivas un presente sereno y en paz con lo que te rodea.

¿Por qué nos cuesta tanto perdonar?

  • Por el dolor causado. Somos muy reacios a cerrar carpetas abiertas con personas que nos han hecho sufrir. Es que si no olvidáramos y no nos gusta olvidar. Evolutivamente tiene un sentido. Si dejamos de retener en la memoria aquello que es peligroso para nosotros, puede que caigamos otra vez en la trampa. Pero hoy en día, y con nuestra capacidad de aprendizaje, no necesitamos machacarnos con el dolor. No nos aporta sabiduría nueva.

  • Por miedo a que se pueda repetir. El hecho de no perdonar te mantiene en alerta, avisándote de que tengas cuidado para protegerte.

  • Por venganza. Tenemos la falsa creencia de que resolvemos los conflictos con el “ojo por ojo, diente por diente”.

  • Porque hacemos interpretaciones poco benevolentes. “Lo hizo para hacerme daño” en lugar de “no se dio cuenta”.

  • Porque lo identificamos como una derrota. Puede que perdonar no te lleve a ganar, como podría ser recuperar a la persona que te ha fallado en la pareja, pero no es una derrota. Es una experiencia, un episodio de tu vida, una injusticia o la apertura a algo mucho más grande que ahora no estás viendo.

Uno de los aspectos más dolorosos de no perdonar es centrar la atención en vengarte. Venganza y perdón van de la mano. Es nuestra manera de buscar justicia, equivocadamente. La venganza te hace sentir ira. Deja de idear cómo vengarte, solo te produce dolor a ti. Pero ni soluciona el problema ni te hace sentir mejor. Al revés, te envenena más. Mientras que el perdón busca dejar de destruirte a ti mismo. Cuando perdonas, también cesas en esa necesidad de destruir al otro.

Esto no tiene nada que ver con la idea de buscar justicia. Imagina que un socio te ha robado, que has sufrido acoso en la empresa, bullying en el colegio, que una persona en estado ebrio ha chocado contigo. El perdón no significa que dejes de luchar por lo que te corresponde y que trates de restablecer el orden natural y la justicia. Para eso está. La venganza, por el contrario, es idear cómo hacer sufrir y machacar a la persona, desearle el mal. Deja que la justicia se ocupe de ello, en el caso de que la falta o el ataque requieran de esta vía.

Una forma de perdonar es a través del modelo de perdón REACH de Worthington (2001). Se basa en cinco pasos cuyas iniciales forman la palabra reach, término inglés que, además de ‘alcanzar’, también puede significar ‘culminar’, ‘pasar’.

  • R Recordar el daño y las emociones experimentadas. Ponle nombre a tu emoción. Se trata de reconocer y aceptar que se ha sufrido, que no somos inmunes y que somos humanos. El problema no es el dolor, sino querer actuar según lo que sentimos. Por eso es tan importante el proceso de aceptación.

  • E Empatiza con tu ofensor. Trata de entender a la persona que te ha ofendido, de ponerte en su lugar, de pensar cómo hubieras reaccionado tú. Piensa en qué pudo llevarle a actuar así. Trata aquí de no juzgar.

  • A Perdonar puede ser un regalo hacia el otro y hacia ti mismo. El altruismo te hace sentir bien y libre. Para ello puede servirte recordar las veces en las que te han perdonado a ti. Desarrolla la compasión.

  • C Compromiso para perdonar. Se trata de elaborar un plan para poder perdonar. Escribe alguna carta, nota, verbaliza contigo. Es un acto simbólico que te ayudará.

  • H Hold. Se trata de sujetarse, buscar anclajes que nos protejan para no ser dañados otra vez. Debemos conocer en nosotros qué hay de nuestro comportamiento que facilita la ofensa de otros: nos faltan habilidades sociales, no sabemos poner límites, tenemos baja autoestima…, para poder fortalecernos. Hay que tratar de evitar el peligro en el futuro.

El dalái-lama, premio Nobel de la Paz en 1980, dijo: “Si desarrollo sentimientos negativos hacia aquellos que me hacen sufrir, esto solo destruirá mi paz mental. Pero si perdono, mi mente volverá a estar en calma”

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