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Vacaciones, el momento de no hacer nada

Vacaciones, el momento de no hacer nada

Por Patricia Ramírez

¿Te sientes nervioso cuando no haces nada?, ¿buscas estar ocupado para sentir que haces algo productivo?, ¿tratas de llenar cada momento de tu vida con alguna actividad? Muchas son las personas que responderían a estas preguntas que sí. Tenemos la idea de que no hacer nada es perder el tiempo y esto nos agobia. No nos gusta perder el tiempo, pero sí que procrastinamos, nos organizamos mal, corremos para ir de un sitio a otro y trabajamos con el cerebro multitarea, a sabiendas de que la regla es “una cosa a la vez”.

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Mientras nos vemos agobiados, nos sentimos bien porque estamos ocupados, estamos haciendo algo, somos productivos… o eso es lo que creemos. Contradictoriamente, este “ir agobiados” nos estresa, nos frustra y rompe la serenidad de nuestras vidas. Altera nuestro organismo física y mentalmente, produciendo incluso bloqueos mentales que dificultan la concentración y la toma de decisiones. Pero eso sí, ¡estamos ocupados! Nadie puede echarnos en cara que estamos perdiendo el tiempo. Lo que no sabemos es si el tiempo que consumimos es de provecho o no. ¡Pero ya os digo yo que no!

El tiempo que crees que pierdes cuando literalmente no haces nada es tiempo que tu cerebro celebra. Es el momento en el que descansas y la creatividad asoma su cabeza. La atención consciente, esa con la que tratamos de resolver tantas cosas durante el día, roba el espacio a la creatividad, no deja que se manifieste, y con ello siempre funcionamos desde un mismo prisma.

No hacer nada es entrar en off. Puede suponer un momento entre la actividad laboral y el reencuentro con el hogar. Dedica unos minutos al llegar a casa a sentarte tranquilo, poner tu música relajante, y no hacer nada en el sillón. Como si ese “no hacer nada” fuera el inicio de una tarde-noche relajante. Diferentes investigaciones demuestran que no hacer nada tiene varias ventajas, como dar quietud a la mente, consiguiendo así que se vacíe de la sobreestimulación. No hacer nada sería un modo de cerrar la actividad pasada para poder conectarse con serenidad con la siguiente.

Otra de las ventajas es el efecto relajante, no solo sobre la mente sino sobre el organismo al completo. La multitarea y la sobreactivación están relacionadas con la respuesta de ansiedad. Así que una manera de bajar el ritmo y, con ello, las respuestas del sistema nervioso es estar sin hacer nada. Con ello se busca estar sin ocupaciones ni preocupaciones. Desconectando del ritmo y conectando con el interior. Es el momento de observar qué pasa dentro de nosotros y de escuchar a las emociones.

Al liberar la mente de tanta estimulación, el pensamiento creativo ocupa su lugar. Cuando no hacemos nada, la mente errante vaga, se permite coger espacio y se activa. Esta parte de la mente no consciente no se activa mientras estamos ocupados en otras cosas.

Algunas de las actividades que le ayudarán a “no hacer nada” son pasear, sentarse y dejar pasar el tiempo, meditar, respirar de forma pausada, escuchar música relajante, darse un baño de espuma, ver gente pasar desde una terraza (sin interactuar ni jugar con el móvil), etc. Un “no hacer nada más activo” puede estar relacionado con el tiempo lúdico: ver la tele, leer un libro, jugar, dibujar, hacer mandalas, ir a la peluquería, hacerse un masaje, la manicura, la pedicura, tratarse con cremas, mimarse.

No hacer nada reduce los niveles de ansiedad, beneficia a las funciones cognitivas, nos ayuda a encontrar el equilibrio, a estar serenos, y a disfrutar más del presente y de los detalles del momento.

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Hay varios momentos al día en los que puedes aprovechar para desconectar de 5 a 10 minutos: justo antes de levantarte, en el trabajo cuando cambies de actividad, después de comer y antes de empezar a trabajar de nuevo, al llegar a casa, antes de cenar y ponerte en modo desconexión, o en cualquier momento en el que te encuentres activado y quieras serenarte.

Si eres de los que se ponen nerviosos ante la inactividad y la interpretan de forma negativa, aprovecha el momento de las vacaciones para adquirir esta práctica. Igual que te lavas los dientes, te duchas y te alimentas a diario, trata de serenar tu cuerpo y tu mente no haciendo nada.

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